Otro peso pesado de la estantería pirata: ciento cincuenta juegos declarados, lograra o no el chip sostener la promesa sin duplicar entradas. Estos cartuchos eran la puerta de acceso más barata al catálogo NES en los noventa. Hoy funcionan como censo involuntario de qué clásicos consideraba imprescindibles el mercado gris asiático.

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