Forma parte de la ola de juegos casuales de gestión y objetos escondidos que llegaron a PSP a mitad de su vida útil, con partidas cortas, tableros fijos y un hilo conductor histórico ligero sobre monumentos como las pirámides o los jardines colgantes. No apunta a la profundidad sino a la sesión rápida, en la línea de los puzzles de PC que por entonces dominaban el mercado casual. Hoy es un título menor, más recordado por completar el catálogo de puzzles de la portátil que por dejar una marca propia.
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