Capcom lo sacó en 1990 sobre el mismo hardware CPS-1 que un año después sostendría a Street Fighter II, y funciona como continuación directa de 1942 y 1943: esquivar oleadas de cazas japoneses y estadounidenses, acumular power-ups y voltear portaaviones enteros a cañonazos. Respecto a sus antecesores suma jefes más elaborados y una paleta de mejoras más generosa, apoyada en los sprites grandes que permitía la nueva placa.
No tuvo el impacto histórico de otros títulos que corrieron sobre CPS-1, pero sigue siendo un shooter prolijo y accesible, ideal para entender de dónde viene la costumbre japonesa de convertir la Segunda Guerra en excusa para el mata-mata vertical antes de que Toaplan y Cave llevaran el género a otro planeta.

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